El mundo de los negocios es caótico. Y la gente con gran carga de trabajo debe esforzarse más para seguirle el ritmo al mundo. ¿Pero será tan así?
Una serie de estudios indica que estar muy ocupado no significa que uno es más productivo. Para sorpresa de todos, la gente más productiva suele estar más relajada que el resto. Todo depende de cómo se emplea el tiempo, o mejor dicho de cómo se aprovecha.
Ver cómo esta gente usa sus horas puede enseñarnos a ser más productivos en el trabajo, y posiblemente a estar menos ocupados.
La práctica hace la perfección
Un estudio hecho con un grupo de estudiantes de violín en los años 90 reveló aspectos sorprendentes sobre los diferentes estilos de trabajo y sus consecuencias.
Los estudiantes, divididos en "promedio" y "brillantes", parecían dedicar el mismo tiempo a practicar. Sin embargo, el segundo grupo avanzaba mucho más rápido que el primero. ¿A qué se debía?
Se hizo una serie de entrevistas exhaustivas a los estudiantes y luego se les pidió que llevaran un diario donde se dividían las 24 horas del día en períodos de 50 minutos. Allí debían detallar a qué dedicaban su tiempo.
Pronto quedó claro que la diferencia era cómo se empleaban los períodos de práctica. El grupo brillante dedicaba casi el triple de tiempo a practicar con gran concentración, mientras que el grupo promedio practicaba por momentos breves a lo largo de todo el día.
De allí surgieron dos definiciones sencillas.
El "trabajo duro" de atención concentrada en una tarea puede ser más exigente, pero se completa en un período determinado con claridad. Este estilo de trabajo brinda una medida clara del avance y genera motivación, ya que se puede completar una tarea en un mismo período.
El "trabajo difícil", en cambio, es trabajo hecho con dificultad debido a la mala administración de los tiempos, las interrupciones y la pereza. Al tener que volver a concentrar continuamente la atención en la tarea, se genera una falsa sensación de esfuerzo y se desperdicia tiempo valioso. También se hace más difícil medir los avances y todo esto genera peores resultados.
Adaptación del estilo de trabajo al mundo de los negocios
Estos dos modelos de trabajo se pueden comprender fácilmente en el contexto de su trabajo diario. ¿Nunca se pasó un día corriendo de un proyecto al otro sin hacer grandes avances? Está claro que la dirección del esfuerzo y la distribución de la carga de trabajo tiene un efecto sobre el rendimiento.
Teniendo eso en cuenta, aquí tiene unos consejos para adoptar un estilo más concentrado, obtener mejores resultados y acabar con la falsa sensación de esfuerzo.
No distribuya las tareas más duras a lo largo del día. Esto genera más nervios y menos productividad. Sabiendo eso y pensando en que las tareas más duras requieren más esfuerzo, lo lógico sería darles prioridad. Dedique primero todo su esfuerzo a estas tareas, ya que uno va perdiendo energía con el correr de las horas.
Evite hacer varias cosas a la vez. Andar de un proyecto a otro no ofrece beneficios y lo mantiene ocupado pero no le permite avanzar y terminarlos. Para obtener los mejores resultados, trabaje duro en algo de manera sostenida.
Defina el tiempo que dedicará a las redes sociales. Cuando hay mucho para hacer, lo ideal es no perder el tiempo. De nuevo, los beneficios de un fenómeno como las redes sociales enseguida pueden convertirse en obstáculos si no se sabe usar. Separe un tiempo para eso en el día como haría con cualquier tarea. Cuando se dedique a eso, no haga otra cosa. Pero no deje que le interrumpa sus horas de productividad.
No hay nada mejor que la eficiencia. Aprender nuevas destrezas puede ayudarlo a trabajar más rápido. Por ejemplo, conocer a fondo su procesador de texto le permite editar o crear documentos más rápido y con más eficiencia.
Haga listas. No hay nada más placentero y motivador que tachar cosas de una lista de obligaciones.
El mundo no va a explotar si no puede hacer todo en el día
Muchas veces, el secreto para hacer mucho es no hacer demasiado. En un ámbito laboral competitivo, solemos aceptar todas las tareas porque pensamos que es lo que se espera de nosotros.
Pero completar tres o cuatro tareas a la perfección es mejor que aceptar diez y hacerlas a medias.
Recuerde que es un ser humano. Es capaz de hacer mucho, hasta cierto punto. No acepte algo muy difícil si no cuenta con los recursos necesarios. No trate de terminar todo enseguida y no se aflija por nimiedades. Planifique las tareas, determine las prioridades y luego ponga manos a la obra. Obtendrá buenos resultados.
Trabaje más tranquilo
En definitiva, la productividad es buena, pero su mayor enemigo es la falsa sensación de esfuerzo. Protéjase de ella concentrándose en hacer una cosa a la vez y en hacerla bien.
De esta manera, tendrá mucha más tranquilidad al dejar una tarea y avanzar a la siguiente, porque sabrá que la hizo bien. En este mundo digitalizado tan frenético, sigue mandando el viejo dicho: lento pero seguro.
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